Segmentos buenos y malos. Esa es la vida. Aportes, reportes, de-portes, importes. Luz sobre papel, color al fin y al cabo.

lunes, 7 de abril de 2008

Minuto de Silencio

De pequeño, como dice Bunbury, era muy común escuchar a la tia más grosera de la familia recitar sus poemas y versillos entre tinto, parva y chocolate. Algunas veces eran palabras de doble sentido, que hacían que los mayores sonrieran y nos miraran a los peques con cara de análisis a ver qué tanto nos habíamos contaminado esta vez. Otras veces eran rampantes versos rojinegros o rojiverdes que tenían efectos inmediatos sobre las manos de papá, mamá, abuela o abuelo, que volaban a nuestras orejas para que no escucháramos las escandalosas rimas.

A hoy, a mil años luz de aquellos chocolates familiares, ya después de saber que la tía no era tía sino una vieja solterona, amiga de mañanas y tardes de toda la familia, y de ver que aquellas letras no eran más que maliciosas y divertidas licencias que se daba ella ya que las abuelas, las bisabuelas y las tias propias no podían pecar cantándolas, nos divertimos repitiendo algunas de ellas, sin pecar, porque afortunadamente la moral inquisitiva de aquellos días (esa de Carreño & Co.) murió en la hoguera de la liberación de los papás, la tele, el cine, la interné y etceteré.

Pero imposible olvidar el poemita que un día dejó de ser en mí una ilustración mental inocente para volverse una pornográfica alusión a los pecados inenarrables de la curia. En memoria de Carola, que fue monja y que desistió, que murió a los 100 y que según su epitafio (Sola, solita en el buen accionar/bendiciones y vino repartió/alegrías si y muchas vivió/pero placeres de aquellos no conoció) hombre no conoció. Y se le cree.

El Padre Cuevas

Iba el padre Cuevas muy tranquilo,
con un cesto de brevas en la mano;
a la diestra llevaba un pajarillo
e iba pensativo y cabizbajo.

De pronto, al chocar con un chiquillo,
¡fraile, pájaro y brevas rodaron por el suelo!

Dos monjas que venían por el camino
se acercaron a auxiliar al capuchino,
mientras una levantaba al Padre Cuevas,
la otra le cogía el pájaro y las brevas...

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